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“Las apariencias engañan: los vestidos de Frida Kahlo”

De mi viaje a México en mayo todavía les debía este post con un breve resumen de mi paso por la exposición de los vestidos de Frida Kahlo, una corta pero intensa oda y explicación del estilo de la artista a través de su guardarropas. Esta es una de esas muestras que no pierden vigencia, que trasciende la simple intención de exhibir "la historia de", que revela la consciente elección de Frida por vestir indumentaria tradicional tehuana para estilizar su figura y construir su identidad a partir de su discapacidad, la tradición, la moda y el vestido.


En el primer post sobre mi visita a la Casa Azul, les adelanté que, en uno de los baños de la casa, contiguo a la habitación de la pintora, se encontraron, en el 2.004, alrededor de 300 prendas tradicionales de origen indígena y prendas no tradicionales, además de joyas y accesorios, medicamentos y aparatos ortopédicos. Todos estos objetos se conservaron encerrados por más de 50 años, primero por petición de Diego y posteriormente, por decisión de Dolores Olmedo, mecenas y amiga de los artistas. La exposición que hoy les comparto, exhibió estos objetos por primera vez al mundo, bajo la curaduría de Circe Henestrosa.

DISCAPACIDAD: UN CUERPO MENOS QUE PERFECTO.

Para comenzar a hablar del vestuario de Frida hay que remontarnos a dos tragedias; Frida se enfrentó a la enfermedad desde los 6 años, cuando contrajo poliomelitis. La polio la dejó con una pierna (la derecha) más corta que la otra y el traumático accidente le dejó fracturas en clavícula, columna vertebral y pie derecho. Diez años después, el deterioro de su cuerpo obligó a los médicos a amputar su pierna derecha. Ambas situaciones influyeron en el carácter estético de la artística, que empezó a ver la ropa como un recurso de construcción de identidad, con el que pudo cubrir sus imperfecciones desde muy pequeña; la artista optaba por faldas largas, usaba 3 o 4 calcetines y zapato con tacón más alto en su pie derecho; la fragilidad post-accidente la confinó, por largos períodos, a un par de camas y a una silla de ruedas, atada a corsés de yeso que ella misma decoraba con ingenio y arte.




Esa búsqueda de prendas que cubrieran los rastros de la enfermedad y el accidente fue la fuerza primaria que llevó a Frida a reencontrarse, consolarse y reconfortarse con su herencia materna y las formas tradicionales y estilísticamente rígidas de la tehuana (traje típico del Itsmo de Tehuantepec, ubicado al sureste de México, en el estado de Oaxaca, región de la madre de Frida); su concentración ornamental en la parte superior del cuerpo, dirige toda la atención del torso hacia arriba, distrayéndolo de las piernas y de lo que ella misma describía como “un cuerpo menos que perfecto”.



TRADICIÓN: MI VESTIDO CUELGA AHÍ.

Pera Frida no se conformó con ver el traje de tehuana como un objeto para cubrir sus imperfecciones físicas, fue más allá y lo transformó en una declaración ideológica y cultural que fusionó con ella, hasta convertirlo en una segunda piel. El vestido de tehuana proviene una sociedad matriarcal, administrada y dominada en su totalidad por mujeres y, como tal, su vestimenta tradicional es un poderoso símbolo de fuerza e independencia femenina. Algunos dicen que Frida adoptó esta estética para complacer a su esposo, Diego Rivera, quien admiraba el poder de las mujeres zapotecas. La exposición propone que, lejos de ser un simple acto de amor, el uso de una vestimenta híbrida fue más una estilización calculad: Frida fue capaz de percibir el valor semiótico de la ropa, su capacidad comunicativa y su fácil apreciación a través de la mirada del espectador. El uso de la vestimenta tradicional para fortalecer su identidad, reafirmar sus convicciones políticas y cubrir sus imperfecciones físicas, constituyó también un propio sentido de herencia e historia personal.




Más allá del amor patrio y sus convicciones políticas, la decisión de adoptar este sello, con sus intrincados bordados a mano y punto de cadeneta, acompañado del styling apropiado con trenzas y flores en el pelo fue, por un lado, una búsqueda de autoafirmación, seguramente enraizada en su relación madre-hija; y por otro, una intuitiva habilidad para situarse a sí misma en el mundo del arte en un momento en que las mujeres artistas luchaban por ganar el reconocimiento por mérito propio. Fue un gran recurso estilístico creado a partir de una compleja combinación de su ideología comunista, su deseo de pertenencia, sus tradiciones, una respuesta radical a su discapacidad y una amalgama y puente entre pasado y presente.

FRIDA, SU ESTILO: ¿DÓNDE ESTÁ EL CIRCO?

Santa, musa, amante, querida, bisexual, víctima y sobreviviente; es el modelo mismo de artista bohemia; única, rebelde, contradictoria, figura de culto para feministas, artistas, diseñadores, mexicanos, latinos y admiradores de la cultura popular. Uniceja, tehuana, rebozo, trenza, huipil, enagua, mestiza, encaje, flores, blanco. Carlos Fuentes describe la llegada de Frida al Palacio de Bellas Artes, anunciada por el sonido de sus joyas, opacando, con su llamativa presencia, la grandeza arquitectónica del recinto y la belleza de sus pinturas. En la calle, los niños se acercaban y le preguntaban, ¿dónde está el circo?; ella sonreía y ampliaba su repertorio con piezas guatemaltecas, chinas, americanas y europeas. Frida llevó su circo, composición visual y gabinete de curiosidades de gira a Europa y conmocionó al punto de lograr que Elsa Schiaparelli creara un vestido en su honor: "La Robe Madame Rivera", e inspirar a diseñadores internacionales de la talla de Ricardo Tisci (chaqueta asemejando las alas de una paloma que pretende escapar de su cuerpo) y Jean Paul Gaultier, que le dedicó toda su colección primavera verano 1998, titulada Homage a Frida Kahlo.



Queda mucho en el tintero pero sé que su atención es limitada, así que dejo hasta aquí, esperando que todo tenga sentido, que cada evento narrado encaje en el rompecabezas de Frida, que se entienda un poco más a la artista y su vestuario -recurso usado y abusado por el diseño contemporáneo- como piedra piedra angular de su existencia y de su arte, pero también como testimonio de su vida, esa que continúa y seguirá siendo fuente inagotable de inspiración.

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