viernes, 7 de agosto de 2015

Jóvenes creadores, vanguardia y libertad.

Me advierto a mí misma cuando veo pasarelas estudiantiles no medirlas con la misma vara con la que medimos el trabajo de quienes ya llevan buen tiempo trabajando y viviendo del oficio de ser diseñador, no solo porque con el tiempo y la experiencia los diseñadores consagrados logran encontrar un estilo definido, consistencia y evolución, sino también porque un estudiante crea sin barreras o limitaciones de mercado, sin pensar si su pieza se va a vender o no, un lujo que solo cuando no vives de eso puedes darte. Con eso en mente, hablemos de la pasarela libre y vanguardista, conceptual y experimental de los talentos de la Colegiatura y del cuarto golpe contínuo y certero que da Miguel Mesa (tras presentar Potosí en Colombiamoda 2013, Altiplano en Colombiamoda 2014 y su trabajo a dupla con Olga Piedrahita en Colombiatex 2015), un joven de 20 años cuyo talento deslumbra y emociona, que este año debe estar terminando su pregrado.


En esta edición de Jóvenes creadores Chocolyne, participaron Jenny Ríos, Jhon Hobber Ramírez, Juliana Estrada, Laura Gutiérrez, María Escobar, Ana María Sierra, Anabel Ramírez, Doris Lorenzana, Mateo Castaño, Salomé Barragán, Tatiana Betancur, Juanita Arcila – egresada invitada y creadora de la marca Noise Lab – y Miguel Mesa.

Fue emocionante ver llena una pasarela estudiantil, ver a tantos asistentes llegar con la mente abierta, sin saber qué esperar y con ganas de dejarse sorprender y así fue. “Materia viviente” fue el concepto que reunió no solo a estudiantes de diseño de modas, sino también a algunos de diseño gráfico, comunicaciones y espacios para un total de 12 estudiantes y una egresada. El trabajo de exploración se concentró en materiales, volúmenes y estructuras, sin descuidar la atención al detalle.

Miguel Mesa Posada fue el encargado de cerrar con lo que ya empezamos a identificar como su sello artesanal, tejidos rústicos amerindios de algodón y nylon y formas orgánicas en tonos neutros, en esta ocasión acentuadas con extensiones de color y un styling casi mitológico; producto, concepto y presentación impecables, combinación capaz de sacarte por unos minutos del recinto de pasarela y transportarte a otro HORIZONTE, a otro tipo de realismo mágico e histórico, de hacerte dar un salto en el tiempo y querer quedarte ahí, un poco más. Y es que, para vestirnos pues tenemos cualquier trapo; para hacernos soñar, hace falta un gran diseñador y Miguel está en el camino correcto para serlo, apoyándose en la exploración textil y en nuestra historia artesanal (cruzo los dedos por que siga ese rumbo).

Tras ovación de pie de la prensa especializada para Miguel, salimos de la pasarela con una sensación de optimismo por lo que viene, de satisfacción por lo que está pasando, y de compromiso con estos nuevos nombres, que seguramente van a necesitar espacios para comunicar sus proyectos, guía y orientación de los más experimentados para definir y seguir sus caminos, y apoyo/crítica de los expertos, cuando sea necesario.




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