lunes, 11 de julio de 2016

¿Qué aprendimos de Bill Cunningham?

Después de 6 años con este blog aprendí que hay posts que no se fuerzan y también aprendí a no decir "de esta agua no beberé"... (menos con los jeans sin bolsillos, en eso me mantengo ;p).. y es que de aprendizajes se trataba todo esto... Pero vuelvo al principio; no suelo caer en la euforia colectiva de escribir homenajes POSTumos a los íconos que se van, sí suelo dejar muchos posts comenzados y al final termino borrándolos, pero esta fue la excepción a ambas reglas.


Bueno, que sean tres reglas rotas porque tampoco soy de las que usa frases inspiracionales, pero el personaje lo amerita; por supuesto, hablo de Bill Cunningham, un hombre que dejó -además de un Pantone  no oficial "azul Cunningham"- enseñanzas que trascienden nuestra industria y valen la pena recordar y registrar.


Los primeros años de William J. Cunningham transcurrieron en Boston, en plena Gran Depresión; superada esa primera "adversidad", comenzó a estudiar en Harvard en el 48 y se retiró a los 19 (primer drop-off) para mudarse a NY y trabajar como publicista (segundo drop-off); ese trabajo también lo dejó y comenzó a trabajar como milliner en una tienda de sombreros bajo la marca William J (tercer drop-off aunque obligado); ese trabajo tuvo que dejarlo cuando fue llamado a servir al ejército de los Estados Unidos en la guerra contra Korea; luego volvió a NY, comenzó a tomar fotografías y a escribir sobre moda para Women's Wear Daily y para el Chicago Tribune  y fue ahí donde, finalmente, encontró su camino, después de 3 cambios de camino y una guerra; fue ahí donde la nueva fotografía de moda callejera o street-style, como le conocemos, encontró a uno de sus mayores exponentes, uno de los pioneros de esa nueva estética y, definitivamente, un game-changer. Nunca es tarde para encontrar tu vocación (primer aprendizaje).


Desde ese momento -seguramente desde antes pero esa parte no ha sido tan pública-, el hombre se dedicó a su pasión hasta su último día, a observar, a dejarse llevar por su sensibilidad estética, a buscar la belleza y no lo criticable, y a encontrarla y registrarla, a hacer historia montado en su bicicleta, vistiendo casi siempre igual, sin perder jamás el sentido del humor, derrochando sencillez y humildad en una industria tan llena de egos sobredimensionados y falsos gurúes.  Del segundo al quinto aprendizaje están condensados ahí, en ese párrafo. Más allá de las frases y del valiosísimo registro visual, creo que vale la pena recordar todos esos pequeños detalles que hacen una diferencia enorme en la historia, la suya y la de la industria. Tenemos mucho por aprender de este SEÑOR FOTÓGRAFO, con todas las mayúsculas, así que los invito a ver un pedacito de él y, si tienen tiempo, vean los documentales y llénense de inspiración, cárguense de buena onda que la mala sobra. 



Para terminar, les dejo dos más de sus frases épicas -mis favoritas junto con las 3 que ya vieron arriba-, cargadas de verdades y sensatez, subrayando la última, la que creo deberíamos tener todos tatuada en la consciencia a manera de credo, mantra, religión o lo que sea que les funcione: "Money is the cheapest thing. Freedom is the most expensive thing" // "Don´t ask what the world needs. Ask what makes you come alive and go do it".

No hay mejor manera de honrar a un grande que poniendo en práctica el buen ejemplo que nos dejó.

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