sábado, 22 de abril de 2017

¡Auxilio, se volvió consciente!

Hace mucho no tenía invitados a escribir por acá pero no por falta de colaboradores, porque tengo la enorme fortuna de rodearme de gente hiper-talentosa con mucho por compartirnos, sino por falta de tiempo -as usual- pero nos obligamos, mi invitada y yo, a sacar un espacio para compartirles este post y CASO DE LA VIDA REAL. Ella es Mariale, una de mis compañeras de WGSN, experta en tendencias y en ser una de mis pepe grillos... Verán, Mariale es millennial, pero de las últimas, ella nació en el 89 y creo que ya venía adelantada a nuestra cohorte con gran parte de ese chip que trae ahora la generación Zeta; Mariale es esa amiga que soluciona cualquier problema tecnológico, con la que sales a comer y terminas comiendo sano pero rico -es pescetariana- y con la que cualquier compra, de comida, ropa o productos de belleza o cosmética termina en un análisis de ingredientes en un acto de consciencia... y de eso se trata este post. Los dejo con ella y con su nuevo blog, www.auxiliomevolvíconsciente.com


¡AUXILIO, ME VOLVÍ CONSCIENTE!

Esta fue de las primeras cosas que pensé cuando empecé a comprar mis propios productos de belleza y aseo, no fue un cambio o algo de la noche a la mañana, sino que algo que ya estaba dentro de mí, que encontró otra línea de escape.

En mi casa se recicla desde antes del paso de Petro por la alcaldía y su gran debacle de las basuras, el aceite no se bota por el desagüe, sino que se guarda en frascos de vidrio, para desecharlo de una forma más correcta, todo esto patrocinado por mí y porque, afortunadamente, mi mamá es una alcahueta conmigo en estos temas. Pero a pesar de esto, no me vi en problemas sino hasta el momento en que empecé a comprar mis productos personales de aseo y belleza y casi tiro la toalla varias veces, hasta que encontré como hacerlo a mi manera.

Realmente, todo empezó con la página de Peta, que se me convirtió un esencial a la hora de comprar productos (http://features.peta.org/cruelty-free-company-search/index.asp) y continuó con mi realización de que las marcas que más utilizaba en ese momento, estaban dentro de la lista de quienes realizan pruebas en animales.

En muchos casos se volvió un reto, pues las marcas internacionales no tienen necesariamente el mismo nombre aquí que en otras partes, por lo que fue un ejercicio de prueba y error para mí. Adicionalmente, con mi salario de practicante y aún invirtiendo gran parte de este en mi tesis, tenía un presupuesto realmente estrecho, que limitaba aún más mis opciones. Eso me obligó a salirme de el Éxito de Unicentro, mi zona de confort, buscar nuevas opciones y conocer mejor lo que consumo, después de todo, ese dinero que yo ganaba trabajando y estudiando a tiempo completo, valía cada peso y lo sentía con la falta de sueño y los fines de semana en los que mi novio me acompañaba dibujando, cosiendo, cortando y demás hasta la madrugada.

Ese dinero, que, si hubiera invertido en compañías que hacen pruebas en animales, se habría ido no solo a sus salarios, producción y generación de estrategias, sino también a su casa matriz para continuar fomentando el I+D de cada una de esas empresas y con este, la experimentación de nuevos productos, que podía terminar significando pruebas en animales directa o indirectamente. Pruebas, que realmente no son de ayuda real para los seres humanos, después de todo la piel y las reacciones de los animales es completamente distinta a la de los humanos frente a la variedad de soluciones tópicas. ¿Realmente crees que tú, que vives en una ciudad llena de monóxido de carbono, tienes la misma química en tu piel que un conejo que vive en el bosque?

Esto es algo que las mismas compañías ya saben y es uno de los argumentos que utilizan algunas para cambiar las regulaciones legales en países como China, que exigen pruebas en animales para poder realizar ventas en el país.

No, no soy vegana, como cosas que tienen sombra intento ser más consciente, medir y pensar en el impacto que pueden tener los productos que utilizo a diario y hasta lo que regalo, una cosa es comer carne, el animal se sacrifica, otra es experimentar en él, mantenerlo en una jaula, en condiciones deplorables, mutilándolo y haciéndolo sufrir constantes torturas. Eso es lo que yo entiendo como crueldad y me rehuso a propiciar.

La realidad es que, después de cerca de 5 años de esta búsqueda, exploración, ensayos, prueba y error, hasta ahora siento que he logrado algo, y que poco a poco he ido cambiando, no solo mi forma y pensamiento de consumo, sino el de quienes son más cercanos a mí. Esto último lo digo pensando en Ita, a quien agradezco enormemente este empujón, y que ha sido víctima de mi “¿Ita, estás segura?” y “pero Ita, ellos hacen pruebas en animales”, seguido poco a poco de su toma de consciencia e iniciativa con “Mariale, ¿y ellos son Cruelty Free?”. ¡Gracias Ita!


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¡GRACIAS MARIALE!

Gracias a Mariale comencé a revisar muchos de los productos que uso y a filtrar y vetar marcas de mis compras. Asegúrense de tener una Mariale en su vida o ser la Mariale de sus amigas y, por supuesto, de seguir este nuevo proyecto en el que mi Mariale nos irá compartiendo sus aventuras, experiencias y descubrimientos conscientes en materia de belleza, cosmética, quizás también moda y comida (?). Who knows, a seguirla para saberlo ;)

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