martes, 9 de mayo de 2017

Bogotá Fashion Week: la identidad.

La moda es cambio constante, eso lo tenemos claro, pero desde hace varios meses hay transformaciones de fondo gestándose al interior de esta industria; el consumidor de moda está cambiando, las condiciones de los mercados están cambiando, las temporadas están cambiando,  los tiempos de presentar y vender las colecciones están cambiando y la manera de comunicar esas colecciones, por supuesto, también está cambiando. Las redes sociales, el acceso en tiempo real a las semanas de la moda han logrado saturar a muchos de los que seguimos -por trabajo o por placer- esas pasarelas; diseñar una colección bella y pertinente y exhibirla en condiciones perfectas ya no garantiza nada. Urge cada vez más que esas colecciones cuenten historias y que esas historias emocionen y logren conectarse con las audiencias a niveles más allá de lo estético y eso, precisamente, lograron 4 pasarelas del Bogotá Fashion Week: el Rouge de Lina Cantillo, los baúles de Luisa Francisca y Antonio de Juan Pablo Socarrás, los juegos prohibidos de Faride Ramos y la Síntesis de Adriana Santacruz.

Foto por Cámara Lúcida.

Las 4 colecciones, alineadas con las macrotendencias globales que hablan de un gran encuentro de culturas, de una nueva naturaleza humana que regresa al poder del instinto visceral, emocional y creativo y de la memoria como herramienta creativa. Faride y Juan Pablo contaron historias desde la nostalgia (dos nostalgias diferentes de las que hablaré más adelante), Lina lo hizo desde un discurso genderless sartorial y Adriana, desde la conciencia del pasado. Hay mucha tela por cortar aquí, así que vamos a dividir esto en varios posts, y comenzamos con Adriana Santacruz: la identidad.

Foto por Cámara Lúcida.

Adriana pone en el ojo de todos una nueva fuente de inspiración local, más allá de los referentes obvios que habitan el imaginario colectivo del folklore colombiano; redescubre un Nariño alegre, místico y majestuoso y redirecciona las técnicas artesanales con diseños contemporáneos hacia una viajera multicultural con prendas fluidas y cadenciosas en algodón, lana y paños tejidos artesanalmente honrando oficios ancestrales, bordadas a mano con técnica de cadeneta y punto atrás por mujeres indígenas. Los abrigos, capas y faldas de silueta amplia evocan unidad tribal en una paleta de carnaval que comienza con tonos primarios, pasa a los magentas, naranjas, verdes y se fusiona con blancos y negros. Pero esta vez hubo un elemento disruptivo en la calma y sobriedad que suele acompañar a las pasarelas de las semanas de la moda colombianas; un elemento que se complementaba con cada hilo de esta historia, con la sangre y tierra de esa misma inspiración que Adriana imprime en cada una de sus piezas y despertó fibras insospechadas entre los asistentes a este desfile: la música en vivo de una murga carnavalera, mezclando los ritmos tradicionales nariñenses con las composiciones actuales del cantautor de la misma tierra, Lucio Feuillet (¿les suena familiar?).

Foto por The Spoon Photography "La cara de ponqué de Nel resume mejor que nada esta pasarela".

Adriana y Lucio, dos de los mejores exponentes actuales de la cultura nariñense, desde el diseño y la música, unieron talentos y pusieron a dialogar sus creatividades y las expresiones de un mismo pueblo para mostrarle a la industria de la moda colombiana que Nariño es tendencia y fuente inagotable de inspiración. Les dejo en video esos 11 minutos de magia e identidad nariñense.

Video registro de la murga por Camilo López (Teátrico Foto) y tomas de la pasarela por colombianfashion.com

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