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A la izquierda de la moda.

La moda es un lenguaje en sí mismo, un compendio de códigos que creemos tener completamente descifrados; usamos esos símbolos para hablarle al mundo (consciente o inconscientemente) sin palabras o para hacer lecturas, algunas veces superficiales, otras profundas, propias y de los demás. Pero la moda también es cambio constante y esos códigos siempre están resignificándose, de ahí la necesidad de observarlos y estudiarlos permanentemente, como expresión individual, cultural y contracultural y en reconocer eso radica la enorme diferencia entre análisis y prejuicio decimonónico.


Trasladando eso a la estética política, que es de lo que realmente quiero hablar, seguimos aún muy estancados asociando a la izquierda al "mal" vestir que es un concepto de por sí clasista y colonial, una mirada desde el privilegio y el desconocimiento político y a la derecha con el lujo y el buen gusto, aunque no sorprende en un país en el que se nos ha vendido la idea de una única izquierda, la extrema y la armada, desconociendo la cantidad de ramas que el solo concepto puede agrupar, el origen del término, ignorando u omitiendo que la izquierda nace como oposición a un poder absoluto, anteponiendo la soberanía nacional por encima de una figura de poder (inicialmente, el rey). Desde el momento de su nacimiento, tras la revolución francesa, la derecha representó los intereses republicanos y burgueses y la izquierda, la representación del pueblo y ese mismo imaginario estético de finales del siglo XVIII e inicios del XIX es el que todavía muchos quieren perpetuar y acentuar con prejuicios nacidos de lo mal informados que hemos estado en ambos temas (moda y política).



Dicho eso y entendiendo la izquierda como un voto por el cambio y contra mantener la tradición  porque es lo conocido, podemos hablar de una izquierda en la moda e incluso en el lujo, responsable de algunos de los cambios más significativos en la estética mundial, exponentes de la contracultura estilística y de la empatía desde el diseño en su momento y autores de algunas de las más importantes revoluciones en la historia de la moda; hablo de Saint Laurent, de Rei Kawakubo, de Yohji Yamamoto, de Vivianne Westwood y de Ronaldo Fraga, por ejemplo. Hasta las propias Miuccia Prada y Coco Chanel hicieron sus aportes...


Algunos de ellos rompieron con lo establecido, otros fueron abiertamente políticos; Chanel fue bastante ambigua, pero pese a todo lo que sabemos y se ha dicho sobre sus vínculos y amoríos, fue la izquierda de Poiret y sentó las bases del vestuario moderno, manifestando abiertamente su voluntad de alejar la moda del conservatismo estético del momento; en tiempos de guerra vistió con el mismo tejido obrero (punto y tweed) a la élite y le dio a la mujer la independencia de vestirse sola (hasta ese momento lo intrincado del vestuario femenino demandaba ayuda extra). Quizás el caso de Yves, que defendió el prêt-à-porter frente al elitismo de la Alta Costura y ubicó su boutique en la Rive Gauche, "la orilla izquierda del Sena", la zona más bohemia y combativa del Paris de inicios del s.XX, sea una de las más evidentes manifestaciones de izquierda en la moda. En sus propias palabras, “sería muy triste si la moda solo sirviera para vestir a las mujeres ricas”. También estuvo la Miuccia joven, abiertamiente feminista y castrochavista comunista, que defendió la idea de que el lujo verdadero no era el conservador. Por supuesto, habría que hablar de la dama del punk y la insurrección setentera de Vivienne Westwood, que todavía hoy, a sus setenta y tantos sigue mostrándose crítica con el sistema en cada aparición, en cada pasarela -DIOS SALVE A VIVIENNE-. Otros que entrarían en esta colada serían Yohji Yamamoto, Issey Miyake y Rei Kabakubo (Commes des Garçons), que desafiaron el estilo occidental en los ochentas con la deconstrucción, austeridad y prendas "claseobreristas" que eventualmente sería adoptada por Bélgica y los Seis de Amberes (incluidos Martin Margiela y Ann Demeulemeester) y daría pie al grunge de los noventa. Y ni hablar de Ronaldo Fraga, el diseñador de los marginados, de los invisibles para la sociedad , pero antes de él también estuvo Zuzu Angel en Brasil, la diseñadora que denunció la trastienda de la dictadura militar en sus colecciones y murió por eso. En Colombia veo a Darío Cárdenas solo haciendo protesta desde la moda; en sus colecciones ha hablado de desplazamiento, indigencia, desigualdad y efectos de la guerra desde una capacidad de empatizar que no he conocido en ningún otro u otra diseñadora colombiana. Me encantaría ver más Daríos, me encantaría ver colecciones que denuncien episodios como el de los falsos positivos, pero la moda política en Colombia se limita a escandalizarnos por los Ferragamo de Petro y eso dice todo sobre nuestra pobre capacidad de análisis en la materia:"la izquierda de ser austera y no debería acceder a lujos", siempre el privilegio nublándonos el criterio.


Volviendo a esos diseñadores revolucionarios, tengo claro que muchos militaron políticamente en otras direcciones pero sus acciones fueron a la izquierda de la moda de sus tiempos y TODOS rompieron las normas de alguna forma, todos cometieron lo que el historiador Quentin Bell llamaría una "afrenta ostentosa". Se imaginan qué sería de la moda sin esas afrentas? Sin la oposición al status quo? Sin esas revoluciones? Sin el diseño con empatía? Sin Daríos ni Ronaldos? Trajes aburridos y leyes suntuarias. Uniforme, derecha pura y dura. Ojalá que nunca lleguemos a eso, ojalá que siempre existan esos a los que el privilegio de esta industria no les nuble la empatía hacia las luchas de los demás, que también deberían ser nuestras y que la moda no sean solo trapos para reivindicar nuestro estatus en la retorcida pirámide social.

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