domingo, 28 de julio de 2019

Una colombiamoda millennial. Introspección, diversidad y evolución.

Esta edición treintañera de Colombiamoda llegó en un momento bien particular para mi; un momento de cambios y cuestionamientos que incluyen, por supuesto, la industria en la que he trabajado desde hace 12 años y por lo general, ni ella ni yo salimos bien libradas de esos cuestionamientos. Y aún así, seguimos en nuestros procesos.


De esos 12 años, 12 veces he asistido a la feria; como gerente de marca patrocinadora, como “prensa” de segunda fila cuando no existía la categoría de bloggers que logramos abrir con el tiempo (y aunque sigue siendo categoría de segunda fila algunxs trascendimos la etiqueta y la barrera del sitting), como wgsner, como medio y como Ita. Y en esos 12 años me han pasado un montón de cosas. Cambié y crecí. Conocí a mucha gente (más de la que puede retener mi pobre memoria ram), conocí el lado glamuroso de la moda pero también el lado feo del negocio, y tuve el privilegio de irme alejando de lo que no iba encajando con mi propia evolución y de quedarme con las personas y relaciones que le aportan no solo a esta trayectoria, a mi vida, a mi crecimiento y a mis propias luchas. Renuncié a trabajar con personas/empresas/marcas que no me representaban, rechacé abiertamente posturas de diseñadorxs, personas y prácticas de la industria que me costaron un par de haters más y unos cuántos seguidores menos pero la tranquilidad de poder decir y hacer lo que se piensa no tiene precio. Y es que desde que descubrí la moda como vehículo de comunicación con el mundo no pude desaprovecharla; me dio una voz, me dio un espacio, plataforma, audiencia y una comunidad que ha ido cambiando, desaprendiendo y evolucionando igual que yo. Cuando llegué a esta industria creía en la existencia del buen y mal gusto, en las fórmulas, los gurús y los manuales de estilo, mucho de eso pero eventualmente pude darme cuenta del clasismo que encierran esas creencias y me obligué a desaprenderlas o al menos intentarlo y dejar de fomentarlas. Me volví una agnóstica del gusto y me refugié en la libertad del estilo personal y en la capacidad de la moda de comunicar y transmitir mensajes y ahí encontré el espacio en el que me sigo sintiendo cómoda y a gusto en esta industria tan compleja y contradictoria y desde el que también puedo incomodar y manifestar mi disgusto, como ya lo he hecho varias veces.

A pesar de todo, no me exilié ni renuncié a lo que me apasiona de este mundo, su capacidad de comunicar y reflejar los cambios de una sociedad… y eso justamente pude ver este año, una semana de la moda que reflejó esos cambios, esos cuestionamientos, un punto de quiebre.. porque 30 años son 30 años, un cambio de milenio, una feria que ha visto crecer a tres generaciones y como buena millennial, la feria también tiene un buen trabajo de introspección y deconstrucción por delante y parece que está en ello. Este año, bastante más relajada que los años anteriores, ya por debajo del bien y del mal después de todas las experiencias, aciertos y equivocaciones acumuladas, tengo varias cosas por decir, sé que eso no es nuevo pero creo que el enfoque sí.


Me atrevo a decir que esta es la edición de la feria más incluyente a la que he asistido, entendiendo perfectamente la ironía que hay en esa afirmación pero nunca antes había visto tanta presencia afro en pasarela, creo que a muchxs de nosotrxs nos sorprendió gratamente ver modelos plus size y diseños genderless en la pasarela de Maria Elena Villamil y una presencia tan fuerte de la comunidad trans, en pasarela y en el street style; la moda fue el espacio y el medio para protagonizar, para hablar, para decir aquí estamos, mírennos que aquí nos quedamos. Es también la primera vez que Colombiamoda abre sus puertas a consumidor final -aún con ciertas restricciones- y eso indiscutiblemente cambia las dinámicas al interior de la feria. Si bien seguimos deslumbrándonos con pasarelas de grandes nombres (algunxs nos deslumbramos menos después de conocer sus inclinaciones políticas y absoluta falta de empatía por la realidad nacional), la industria y el diseño de autor siguen avanzando hacia una democratización más amplia, las colaboraciones entre marcas y diseñadorxs llegan no solo al retail y a almacenes de cadena, también a la venta directa por catálogo con marcas que sí responden a la realidad de lxs consumidorxs de moda de una mayor porción del país, no solo a la reducida élite a quien tradicionalmente se ha dirigido el diseño de moda de autor. Celebro que esos avances se notan cada vez mejor elaborados y desarrollados y se consolidan como una modalidad que llega para quedarse.

Si bien todavía muchas propuestas, marcas y modelos siguen respondiendo a la heteronorma y refuerzan los mismos estereotipos de belleza y falta mucha representación, la aparición de más cuerpos diversos en pasarela y de más siluetas que fluyen entre géneros en las colecciones es un logro importante de los movimientos sociales y de la presión del consumidor que exige un diseño más incluyente y por supuesto de marcas/diseñadorxs que también quieren vender y entienden que han desatendido a muchxs en su afán por encajar también. En un espacio tan elitista y cerrado como lo es una semana de la moda, esto es de celebrar y quiero pensar que es el comienzo de una revolución mayor desde el diseño guiada por la consciencia social de diseñadores y consumidores jóvenes. Así que invito a mis compañerxs comunicadores, periodistas y amplificadores de esta información a que demos mayor visibilidad a estas propuestas, a quienes están retando la norma y le dejemos a lxs que no evolucionan el espacio de las sociales de las pocas revistas que quedan.

Queda mucha tela por cortar, hay que hablar de los ejercicios con comunidades, de la delgada línea entre inspiración y apropiación cultural, de las propuestas que apoyan y visibilizan causas, de sostenibilidad, pero dejemos material para el Live y para un próximo post que todo esto merece un análisis mucho más amplio. Hoy solo quería volver a escribir por acá.

lunes, 20 de mayo de 2019

Revoluciones en el armario: los jeans 501® y la mujer.

Este año, para la celebración del aniversario del 501®, Levi's® -una marca con la que tengo mucha historia-, me invitó a acompañarla a 3 ciudades (Cali, Medellín y Bogotá) a conversar sobre la evolución de los pantalones en el armario femenino, una construcción simbólica que trasciende la moda y atraviesa la política, la clase y, por supuesto, la desigualdad de género. Me gustó tanto el ejercicio que quiero compartirles acá el resultado (ultra resumido) de esa mirada histórica al impacto de los jeans 501® en la cultura y en la mujer durante los últimos 146 años.


Como ya deben saber, el 501® fue en efecto el primer jean de la historia y este 20 de mayo cumple 146 años de haber sido creado pero -como suele pasar- el mismo objeto tardó un poco más en llegar al alcance de las mujeres... 61 años para ser exactas (cumplen 85 este año). Sin embargo -ni bobas que fuéramos-, las mujeres comenzamos a apropiarnos de esa prenda del armario masculino mucho antes de que nos lo quisieran ofrecer. Incluso hoy, contando con un amplio abanico de opciones, muchxs seguimos usando la silueta para hombres -como el que elegí yo para la campaña del 501® de este año que hicimos colaboradores de la marca en Ciudad de México-, confirmando la naturaleza genderless de la pieza, así no haya sido un asunto intencional (más bien natural).