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Una colombiamoda millennial. Introspección y evolución.

Esta edición treintañera de Colombiamoda llegó en un momento bien particular para mi; un momento de cambios y cuestionamientos que incluyen, por supuesto, la industria en la que he trabajado desde hace 12 años y por lo general, ni ella ni yo salimos bien libradas de esos cuestionamientos. Y aún así, seguimos en nuestros procesos.


De esos 12 años, 12 veces he asistido a la feria; como gerente de marca patrocinadora, como “prensa” de segunda fila cuando no existía la categoría de bloggers que logramos abrir con el tiempo (y aunque sigue siendo categoría de segunda fila algunxs trascendimos la etiqueta y la barrera del sitting), como wgsner, como medio y como Ita. Y en esos 12 años me han pasado un montón de cosas. Cambié y crecí. Conocí a mucha gente (más de la que puede retener mi pobre memoria ram), conocí el lado glamuroso de la moda pero también el lado feo del negocio, y tuve el privilegio de irme alejando de lo que no iba encajando con mi propia evolución y de quedarme con las personas y relaciones que le aportan no solo a esta trayectoria, a mi vida, a mi crecimiento y a mis propias luchas. Renuncié a trabajar con personas/empresas/marcas que no me representaban, rechacé abiertamente posturas de diseñadorxs, personas y prácticas de la industria que me costaron un par de haters más y unos cuántos seguidores menos pero la tranquilidad de poder decir y hacer lo que se piensa no tiene precio. Y es que desde que descubrí la moda como vehículo de comunicación con el mundo no pude desaprovecharla; me dio una voz, me dio un espacio, plataforma, audiencia y una comunidad que ha ido cambiando, desaprendiendo y evolucionando igual que yo. Cuando llegué a esta industria creía en la existencia del buen y mal gusto, en las fórmulas, los gurús y los manuales de estilo, mucho de eso pero eventualmente pude darme cuenta del clasismo que encierran esas creencias y me obligué a desaprenderlas o al menos intentarlo y dejar de fomentarlas. Me volví una agnóstica del gusto y me refugié en la libertad del estilo personal y en la capacidad de la moda de comunicar y transmitir mensajes y ahí encontré el espacio en el que me sigo sintiendo cómoda y a gusto en esta industria tan compleja y contradictoria y desde el que también puedo incomodar y manifestar mi disgusto, como ya lo he hecho varias veces.

A pesar de todo, no me exilié ni renuncié a lo que me apasiona de este mundo, su capacidad de comunicar y reflejar los cambios de una sociedad… y eso justamente pude ver este año, una semana de la moda que reflejó esos cambios, esos cuestionamientos, un punto de quiebre.. porque 30 años son 30 años, un cambio de milenio, una feria que ha visto crecer a tres generaciones y como buena millennial, la feria también tiene un buen trabajo de introspección y deconstrucción por delante y parece que está en ello. Este año, bastante más relajada que los años anteriores, ya por debajo del bien y del mal después de todas las experiencias, aciertos y equivocaciones acumuladas, tengo varias cosas por decir, sé que eso no es nuevo pero creo que el enfoque sí.


Pensar que esta es la edición de la feria con mayor asomo de diversidad a la que he asistido, me anula el entusiasmo que me daba antes pensarlo. Conformarnos con ver algo de presencia afro, modelos plus size y diseños genderless en pasarela y la presencia de la comunidad trans, en pasarela y en el street style es solo el comienzo y es lo mínimo; pero me permito reconocernos la moda fue el espacio y el medio para retomar esa conversación pendiente y evidenciar las ausencia e invisibilización. Es también la primera vez que Colombiamoda abre sus puertas a consumidor final -aún con ciertas restricciones- y eso indiscutiblemente cambia las dinámicas al interior de la feria. Si bien seguimos deslumbrándonos con pasarelas de grandes nombres (algunxs nos deslumbramos menos después de conocer sus inclinaciones políticas y absoluta falta de empatía por la realidad nacional), la industria y el diseño de autor siguen avanzando hacia una democratización más amplia, las colaboraciones entre marcas y diseñadorxs llegan no solo al retail y a almacenes de cadena, también a la venta directa por catálogo con marcas que sí responden a la realidad de lxs consumidorxs de moda de una mayor porción del país, no solo a la reducida élite a quien tradicionalmente se ha dirigido el diseño de moda de autor. Celebro que esos avances se notan cada vez mejor elaborados y desarrollados y se consolidan como una modalidad que llega para quedarse.

Si bien todavía muchas propuestas, marcas y modelos siguen respondiendo a la heteronorma y refuerzan los mismos estereotipos de belleza y falta mucha representación, la aparición de más cuerpos diversos en pasarela y de más siluetas que fluyen entre géneros en las colecciones es un logro de los movimientos sociales y de la presión del consumidor que exige un diseño más incluyente y por supuesto de marcas/diseñadorxs que también quieren vender y entienden que han desatendido a muchxs en su afán por encajar también. En un espacio tan elitista y cerrado como lo es una semana de la moda, esto es de celebrar y quiero pensar que es el comienzo de una revolución mayor desde el diseño guiada por la consciencia social de diseñadores y consumidores jóvenes. Así que invito a mis compañerxs comunicadores, periodistas y amplificadores de esta información a que demos mayor visibilidad a estas propuestas, a quienes están retando la norma y le dejemos a lxs que no evolucionan el espacio de las sociales de las pocas revistas que quedan.

Queda mucha tela por cortar, hay que hablar de los ejercicios con comunidades, de la delgada línea entre inspiración, exotización y apropiación cultural, de propuestas sostenibles y de las que apoyan y visibilizan causas -hasta dónde hay un proceso honesto e involucramiento real,  y qué tanto solo es marketing sin untarse ni el dedo de tinta para votar por proyectos que no los sigan oprimiendo... Pero dejemos material para el Live y para un próximo post que todo esto merece un análisis mucho más amplio. Hoy solo quería volver a escribir por acá.

Comentarios

  1. Hola, viendo viendo el blog y analizando la "Revolución del diseño" estoy de acuerdo en que cada vez es más específico el diseño y la moda y lo excluyente que puede llegar a ser al pensar que "somos iguales. Lo somos, pero no al momento de vestirnos, creo que cada vez se deben ver la emergencia e influencia de los nichos y las tribus urbanas como mundos. Lo hemos dicho en nuestro bloga cerca de la moda Hipster: https://www.unbox.com.co/blog/p12441-5-senales-que-te-identifican-como-hipster.html "una mujer o un hombre hípster es una persona que va en contra de los estereotipos sociales, altamente independiente y con un look alternativo" Como se piensa se viste, una realidad que desde el diseño poco a poco vamos pensando.

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